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Sunday, May 3, 2009

Séptimo Deseo

¿Hace cuánto tiempo lo conozco? No estoy segura, no sabría decirlo. El tiempo nunca ha sido mi amigo.
Parece una sombra, llega un día y se marcha otros tantos. Han pasado meses enteros en los que no sé nada de él. Se lo traga la tierra. Desaparece.
Pero siempre que vuelve regresa siendo el hombre que yo siempre he querido ser.
Ha tomado tantas formas, ha creado tantos cuerpos y continentes. No entiendo cómo es que lo hace, pero siempre llega para representar todo aquello que deseo en un hombre, pero no para mí, sino el que hay en mí. Ya sea positivo o negativo, todo aparece en él. Naturalmente, él tiene sus formas de actuar, su manera de ser su forma de vivir. Es sólo que todo lo que él es lo hace ser lo que yo quiero ser; con sus defectos y sus virtudes. Es cierto que siempre habrá cosas que no encajen bien, pero el mundo no es perfecto.
Hoy vino a verme, una de sus fugaces apariciones en el reino de lo mío.
Ha aparecido un rebelde, cabello largo, oscuro y ondulado, chamarra de piel negra, cientos de cierres y estoperoles; pantalones oscuros, botas de montaña. Uno de tantos hombres escondidos dentro de mí. Libre, fuerte, ególatra, sincero.
Se recuesta en mi cama, me cuenta sus aventuras en una pose desgarbada donde el techo parece interesarle más que mis pupilas... ¿O será que tengo miedo de mantener su mirada?
Me recuesto junto a él y reposo mi cabeza sobre su torso. Me siento segura, feliz. Lo que daría por sentirlo rodearme con sus brazos. Mi mano se posa en su pecho. Ha estado haciendo ejercicio, se nota. La sensación de paz se ve amenazada y sueño con el efímero placer de poder arrastrar mi mano por debajo de su playera negra.

Ah, el sueño de cruzar el umbral de lo prohibido. Como tantas otras veces he soñado.

Habla, platica, sus palabras se me escapan al comprendimiento. Me pierdo entre sus labios delgados, firmes, excitantes. Vuelvo a la memoria e intento rescatar aquella ocasión en la que por equívoco casi nos besamos. Pero hace mucho tiempo que la imagen se ha escapado.
Es tan ajeno a mí y sin embargo nos compenetramos tan fácilmente. Si hay algo seguro es que yo también tengo un lugar importante en su corazón.

Sunday, June 22, 2008

Cuarto Deseo

Su cabello, siempre su cabello. Un hermoso cabello lacio y oscuro, oscuro como mi habitación justo después de apagar las luces a la hora de dormir. Sedoso, brillante, lacio y oscuro. Eso era lo que quería creer que me llamaba la atención, sin embargo, yo sabía que lo que me había hecho acercarme desde un principio, fue su porte.
Esa manera soberbia y tranquila de levantarse, de andar, de mantenerse en un sitio en particular.
Un muchacho tranquilo y oscuro por naturaleza.
Esa noche yo había tomado de más y decidí dejarme llevar por mis sentidos. Con el miedo y la exitación mezclados en la sangre, me acerqué a él y le dí un beso inquieto.
Y no fue sino hasta el día siguiente que comencé a recordar lo que había sucedido, poco a poco, extracto tras extracto de memoria...
Su forma de besarme, de morder mi cuello y de acariciar mis senos; su porte, ése maravilloso porte relativamente tranquilo cual si tuviera todo el control de la situación. Jamás hubiera imaginado que en una sola noche me llevaría a explorar esas fantasías que se mantenían siempre dentro de mí, como pequeños tesoros del erotismo personal. El simple hecho de recordar su voz susurrándome de una manera que nunca le había escuchado, me vuelve a excitar. La imagen de sus dedos presintiendo mi interior, forzándome con delicadeza o friccionante lujuria a gemir y ser suya por completo.
Jugaba conmigo como un gato juega con un ratón, me levantaba, me mordía, me arañaba, me acariciaba y lamía con erótica ternura antes de penetrarme magnificentemente.

Diciembre 2006