Sunday, June 22, 2008

Cuarto Deseo

Su cabello, siempre su cabello. Un hermoso cabello lacio y oscuro, oscuro como mi habitación justo después de apagar las luces a la hora de dormir. Sedoso, brillante, lacio y oscuro. Eso era lo que quería creer que me llamaba la atención, sin embargo, yo sabía que lo que me había hecho acercarme desde un principio, fue su porte.
Esa manera soberbia y tranquila de levantarse, de andar, de mantenerse en un sitio en particular.
Un muchacho tranquilo y oscuro por naturaleza.
Esa noche yo había tomado de más y decidí dejarme llevar por mis sentidos. Con el miedo y la exitación mezclados en la sangre, me acerqué a él y le dí un beso inquieto.
Y no fue sino hasta el día siguiente que comencé a recordar lo que había sucedido, poco a poco, extracto tras extracto de memoria...
Su forma de besarme, de morder mi cuello y de acariciar mis senos; su porte, ése maravilloso porte relativamente tranquilo cual si tuviera todo el control de la situación. Jamás hubiera imaginado que en una sola noche me llevaría a explorar esas fantasías que se mantenían siempre dentro de mí, como pequeños tesoros del erotismo personal. El simple hecho de recordar su voz susurrándome de una manera que nunca le había escuchado, me vuelve a excitar. La imagen de sus dedos presintiendo mi interior, forzándome con delicadeza o friccionante lujuria a gemir y ser suya por completo.
Jugaba conmigo como un gato juega con un ratón, me levantaba, me mordía, me arañaba, me acariciaba y lamía con erótica ternura antes de penetrarme magnificentemente.

Diciembre 2006

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